La muerte del periodismo

Hasta hace bien poco, la comunicación de masas era en realidad comunicación unidireccional. Unos pocos privilegiados emitían sus mensajes a las masas mientras éstas asistían impotentes al bombardeo de información. Algunos miembros de la masa podían, en algunas ocasiones, hacerse oír, conseguir que su voz fuera emitida por los privilegiados. Durante todos estos años, los periodistas han formado parte de ese grupo de élite, aunque siempre supeditados al control de algún organismos superior. Grandes empresas, intereses privados y líneas editoriales han utilizado a los periodistas para hacer llegar sus mensajes. La prensa, la radio y la televisión han sido medios de comunicación dónde un número de emisores reducidos intentaba conseguir la atención del ciudadano medio, de “la masa”.

Sin embargo, ninguno de estos agentes que monopolizaban la información podía prever la revolución tecnológica actual. Internet se ha asentado como un nuevo medio de comunicación que puede aglutinar en un mismo canal a los otros tres medios tradicionales y, además, es el medio que puede democratizar la información. La red de redes ha transformado a todos sus usuarios que han dejado de ser meros receptores de la información para pasar a ser emisores. Ahora sí que existe una verdadera comunicación, que además se produce con un coste bajísimo.

En este nuevo panorama, donde todo el mundo crea contenido y evalúa el de los demás, el periodismo tal y como lo conocemos es un ser agonizante. Con las facilidades de edición y el bajo coste de empezar una publicación on-line (o incluso una radio) qué sentido tienen los grandes grupos mediáticos, por qué va un periodista a subordinar su pluma a una línea editorial, a una empresa, cuando puede emitir directamente al mundo.

Aún hay más, los grandes grupos han buscado homogeneizar a sus lectores, buscaban el nicho de negocio más apetitoso (publicitariamente hablando, claro), pero algunas personas piensan que la homogeneización ha dejado fuera a un grupo de individuos tan numeroso o más que “la masa”. Gente que se resistía a entrar en el saco de los “libros más leídos” o los músicos “top ten”. Este grupo de gente alejada del ciudadano promedio se ha llamado en el mundo de los negocios la larga cola.

Estos individuos, hasta ahora silenciosos, han encontrado en Internet la forma de conocer a más personas como ellos. Ahora es más sencillo encontrar a gente a quien le guste tu misma música, por muy alejada que ésta esté de las listas de éxitos. Toda esa gente que ahora se conoce y demanda contenido especializado, también demanda noticias, reportajes y críticas sobre sus grupos preferidos pero no la encuentran en los medios tradicionales. Conscientes de la revolución que viven, lejos ya de la masa homogeneizada, no esperan con la manos cruzadas y se convierten, sin ningún complejo, en emisores de información. De esta manera, el hasta ahora grupo disperso y abandonado por “los grandes” se convierte en un nuevo grupo de consumidores de información, una información que sólo ellos son capaces de tratar.

En este nuevo panorama es dónde muere el periodismo. Es cierto que los periodistas están libres de ataduras, pero compiten directamente con aficionados que tienen una pluma decente y, más importante, el conocimiento del nicho para el que informan. La situación ha cambiado y todo está patas arriba, es hora de reinventarse, el periodismo ha muerto ¡viva el periodismo!

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