El robobo de la bibici

Los biciclistas convencidos, aquellos que nos empeñamos en movernos en bici caigan chuzos de punta, sabemos perfectamente que hay cosas peores que una patada en los huevos. “Exagerao’”, pensarán algunos, pero es la pura realidad.

No hay sensación más amarga que volver a por la bici y ver que sólo está el hueco o, peor aún, que sólo queda un candado en el suelo, partido, mirándote con cara triste mientras solloza: “Se la llevaron, tío, ¡Se la llevaron!… No pude hacer nada…” y rompe a llorar. Cuanta frustración guardan las cadenas, pobrecillas.

Que te roben la bicicleta no es como si te roban la cartera (que también jode, porque los ladrones de ahora ya no respetan nada y ahora ni tan siquiera tienen el detalle de quedarse con la pasta y dejar la cartera en algún buzón). Si te quitan la bicicleta te roban una parte de ti. Alguien ha decidido que le puede sacar 30 euros a tu “burra” en algún mercadillo de segunda mano, de esos que no tienen ningún tipo de control y donde es vox populi que se venden cosas robadas.
Lo primero que piensas es “Ojalá se estrelle con ella” -sentimiento perro del hortelano- y lo piensas con fuerza. Al poco recapacitas y caes en la cuenta que no tiene gracia que se meta una leche con ella si tú no estás delante. Poco a poco vas bajando tus pretensiones y ya al final te conformarías sólo con que se diera un tropiezo con un bordillo.

Conforme pasan los minutos primero, las horas después, las aguas vuelven a su cauce. El punto de inflexión para mejorar es contarle a alguien lo que te ha pasado, que, parece que no, pero cuesta, porque que te roben supone quedar como un gilipollas, pero vamos que empiezan a salir los “¿recuerdas que a Pepito también se la robaron?, y la tenía con tres cadenas”, “y Fulanito ¿qué me dices?, justo bajo de su casa”. Entras de lleno en la etapa final: la resignación, también llamada mal de muchos, consuelo de tontos.

El músico Sergio Makaroff resumió perfectamente los sentimientos de un ex-biclista en una canción; para los que alguna vez hemos perdido una bici-amiga es muy emotiva.

Dedicado a la bici Decathlon de paso-montaña: Ojalá tu nuevo dueño te quiera y te cuide, amiga, estés donde estés. (Siempre suponiendo que tu ladrón no se la pegara, claro)

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Comentarios

Lo siento tío, “Ruede en paz”.

Date un paseo hoy por el rastro y también durante las siguientes semanas, por si la “duermen”. Igual la ves.
Supongo que no la tenías marcada/grabada por dentro del sillín o algo que te permita asegurar que es tuya si la encuentras.

¡Ánimo!

¿Por cierto, donde la habías dejado? porque para partir un candado hacen falta a mi entender o una cizalla o dos llaves inglesas pequeñas para hacer un “momento cortante”, aunque si eran varios y uno tapa… En fin.

Ánimo.

Que te roben siempre te deja un sentimiento muy amargo (a mí me robaron todo lo que llevaba en el coche en un traslado, así que llegué a mi nueva ciudad sin más ropa que la puesta, y a mi nuevo piso sin sábanas, toallas, microondas…), pero si es algo que usas todos los días te da más rabia aún!
Eso de robar bicicletas por desgracia está muy de moda; incluso hay chistes: “¿Por qué no te rías si ves a (Fulanito) dándose una leche con una bicicleta? Porque probablemente la bici sea tuya…”

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